La Amenaza de la Luna Roja

Sophia Vackimes

Es casi increible la cantidad de humo en el ambiente que estamos experimentando todos quienes vivimos en el noroeste de Washington. Esa niebla gris que nos envuelve parece que se ha tragado al verano entero dejándonos dentro de ella sin poder ni respirar siquiera. Es tan densa que de un lado de la calle a otro pareciera que se puede tocar; en algunas ciudades se han cerrado aeropuertos y escuelas. Muchas carreteras y caminos rurales no son transitables porque la visibilidad es escasa o nula. El espectáculo de la niebla causada por el humo es estremecedor, la luna aparece roja, el sol pareciera ser el de un planeta en una aterrorizante película de ciencia ficción.

Los incendios forestales que suceden no solo a nuestro alrededor, sino también lejanamente como los que ahora acosan a Canadá y a California están en toda su furia. Las imagenes que vemos por la televisión, el internet, y el periódico son espeluznantes. No solo están en peligro las personas que se hallan más cerca de ellos sino también todos nosotros que ahora respiramos las infinitamente pequeñas partículas que son tan dañinas.

Podríamos pensar que por ser humo generado por incendios en bosques, y por lo tanto ser de orígen natural no es peligroso a nuestra salud, pero estaríamos peligrosamente equivocados en ello. Los químicos que se generan durante el fuego, durante el proceso de combustión son altamente peligrosos para nuestra salud. Irritan al sistema respiratorio y algunos pueden inclusive causar cancer.

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El humo que generan incendios forestales concentra una mezcla de sólidos, gases y líquidos que contienen cientos de productos altamente dañinos pero casi imperceptibles que solo por su nombre parecen terribles. Su tamaño diminuto es engañoso y podríamos pensar que al respirarlos no causan nada de real importania a nuestro cuerpo, sin embargo cuando inhalamos, inspiramos sólidos finísimos que se depositan finalmente en el fondo de nuestros pulmones. Esas partículas pueden permanecer para siempre en ellos causando enfermedades y daños estructurales a corto y a largo plazo. Son tan pequeñas que no hacemos conciencia de su daño, y por ello no nos apercibimos, no nos preparamos en contra de ellas. En comparación son muchas veces más pequeñas que un grano de arena, por ello flotan en el aire. Las más grandes dejan manchados nuestros automóviles, si pasamos la mano sobre ellos raspamos su pintura. Las más pequeñas entran silenciosamente a nuestro cuerpo y se depositan en lo más interno de nuestro aparato respiratorio. Penetran hasta los alveolos, esos pequeños receptáculos donde nuestro cuerpo intercambia oxígeno con la sangre que refresca a todo el organismo, y los bloquean.

Las personas más afectadas durante eventos como el que ahora estamos experimentando, el respirar esta niebla de humo causada por incendios forestales, son las personas mayores quienes con el tiempo son más y más susceptibles a problemas respiratorios, aquellas quienes sufren problemas de asma, y los pequeños, quienes no tienen aún bien formados sus pulmones. Algunos de los síntomas que ocasionan estas partículas son: empeoramiento de síntomas de asma, bronquitis aguda, e incluso ataques al corazón en adultos. En pequeños puede resultar en dificultad para respirar y enfermedades pulmonares a largo plazo. Si tiene(n) problemas de este tipo acuda(n) a su médico o contacte al Programa del Asma del Condado de King: (206) 263-8182. Servicio en Español.

Pareciera que año con año nos hundimos en esta gris niebla que contradice lo que significa tener un verano asoleado. Lo más triste de todo es que aunque es cierto que los bosques necesitan tener incendios por variadas razones ecológicas y que ellos autoregulan dónde y cuando suceden, así como su extensión, la razón por la cual varios arden simultáneamente ahora es que hay por ahí seres humanos que los provocan intencionalmente y que crean caos no solo en la naturaleza, sino que nos afectan a todos de la manera más funesta.